Detrás de la nube
domingo, 7 octubre 2012, 18:04
Una nube de arena, polvo y tierra en suspensión. Una nube también de interrogantes, viejos fantasmas y dudas. Muchas dudas. Y justo detrás, un coche. Un Ferrari F2012 con el neumático trasero izquierdo desaparecido. Sólo se ve una llanta. Quince segundos antes el piloto de ese coche repasaba en su cabeza la estrategia de la salida: "Salir. Buscar hueco. A la izquierda. Cuidado con el Lotus de Grosjean. Aprovechar las primeras curvas". O algo parecido.
Volvamos a la nube. Vista ahora en el espejo retrovisor de los rivales. Aceleran y la dejan atrás. Lo de 'Detente y Ayuda' no se lleva en la F1. ¿Quién ha sido? ¿Qué ha pasado? La radio funciona ?siempre la radio-, y da las noticias. Sale el coche de seguridad hasta que se limpie la pista. El piloto que lidera la prueba ya es consciente que hoy se la juega. Y no falla.
El Campeonato Mundial de Fórmula Uno ha dejado atrás la curva más importante en lo que llevamos de calendario. Un punto de inflexión, como dicen los estadistas. Tras el primer vértice del circuito de Suzuka ya no se hablará igual del Pacto de la Concordia, de los ganadores diferentes en las primeras carreras del año, de los fichajes que nos han alimentado los periódicos un tiempo. No. A partir de ahora toda la información se verá bajo el prisma de un duelo entre dos pilotos.
Las 15 carreras anteriores sirvieron como clasificación. Para dejar fuera a los otros, a los lentos, a los que cometieron más errores. Y al final quedan dos.
¿Quién será? Pues como ha dicho el piloto y casi ingeniero José Luis López Pampló en la retransmisión de Radio Marca, no será quien sume más. Ganará el que pierda menos. Explico la perogrullada. A partir de ahora los abandonos, los 'ceros', los despistes en boxes o en el muro darán o quitarán la copa. Los fallos decidirán. Y por tanto la presión crece. Y menos mal. Como tenga que depender de los coches, y los dos pilotos terminen las cinco carreras, la victoria apuntaría a Red Bull.
Hay una nube, muy tóxica. Pero tras las duda llega la certeza. Sólo hay que esperar unos segundos y podremos distinguir, en el habitáculo del coche, a Fernando Alonso. Y la duda, como la nube, habrá desaparecido.
