El garaje de mi casa y la eterna situación
miércoles, 28 marzo 2012, 12:58
Vivo en un barrio joven, diría que bastante majo. No es ni de clase alta, ni de baja, tampoco sé si de clase media. A mí me gusta, porque tiene muchas zonas verdes y está muy bien comunicado. El caso es que la mayoría de mis vecinos tienen coches generalistas. Luego, hay un par de ellos a los que parece que las cosas les están yendo bien, incluso con la crisis que nos está tocando vivir en los últimos años. Uno, muy simpático, alterna con su esposa los nuevos A6 y Q5 Hybrid; y otro, que o mucho me equivoco o me da que va a ser chino, aparece un día con un CLS y, al siguiente, con un Q7 (se conoce que los bazares dan dinero...). El resto del parque movil, como digo, es 'aseadito', pero nada del otro jueves. A mi derecha, un Laguna de hace dos generaciones; a mi izquierda, un C4 de 2009; enfrente, un Clio II, Avensis, 207...
Mi plaza de aparcamiento está casi pegada a la puerta de acceso al garaje, con lo que mi coche siempre queda expuesto a ojos de toda la comunidad de vecinos. Desde que comencé en este trabajo, allá por 2005, se da la situación de que puedo aparcar cuatro o cinco coches diferentes en una misma semana. En ocasiones he encadenado un Cayenne, un Touareg y un X5, porque estaba escribiendo una comparativa de SUVs de lujo; o ha dado la casualidad de que he aparcado en días consecutivos un Audi RS5, un Mercedes SLS y un Chevrolet Corvette. Luego, como es normal, los he cambiado por un Fiat 500, un Hyundai i10 y una Volkswagen Caddy Furgón, por poner algunos ejemplos.
Entiendo que para la mayoría de vecinos todo esto puede ser algo llamativo. Los hay muy despistados que ni se fijan; otros, que miran los coches y no le dan más importancia al asunto; luego están los que curiosean a escondidas pero no dicen nada (ahí están sus huellas dactilares cada mañana en los cristales de los coches que llevo, como llame a Horatio...); también están los que algún día se han acercado con algo de timidez y me han preguntado el motivo de que cada día cambie de coche. Con algunos de estos, incluso, he entablado una buena amistad.
Pero -y aquí quería llegar- también me consta que hay un pequeño grupo que cuchichea, que monta aquelarres improvisados en la oscuridad del garaje para glosar sobre lo que sucede en la plaza número 6. A ellos les diré que no: no soy un niño de papá; ni un narcotraficante; ni un proxeneta; ni tengo un concesionario; ni me ha tocado una quiniela de las gordas. ¡Ah! Y tampoco soy muy tonto, al menos por llevar los coches que llevo... Simplemente, soy periodista del motor. Por cierto, que si un día les gusta un coche y lo quieren ver, ya saben dónde me tienen. Que para algo somos vecinos, ¿no?
