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Jueves, 10 de mayo de 2012 - 13:02h.

LA MARCA JAPONESA VUELVE A RECUPERAR SU ESPÍRITU MÁS DEPORTIVO

Nuevo Toyota GT86, con sabor nostálgico

Desde 2006, año en el que cesó la fabricación del Celica, la gama Toyota había quedado huérfana de modelos con un fuerte componente deportivo. Ahora, la marca japonesa vuelve a recuperar el terreno perdido y lanza su GT86, un coche que pone el énfasis en la diversión al volante por encima de cualquier otra consideración.

· Galería de imágenes del Toyota GT86

JAIME HERNÁNDEZ

Este coupé 2+2 plazas incorpora un compacto motor bóxer atmosférico de altas revoluciones que permite mantener muy bajo el centro de gravedad del vehículo, un hecho que influye de forma positiva en el comportamiento y la manejabilidad. Se trata de un propulsor al estilo de los de carreras, que da la máxima potencia a 7.000 revoluciones y puede subir sin problemas hasta las 7.450 rpm. Sus 200 caballos de potencia pueden parecer escasos en comparación con las cifras que se manejan en la actualidad, pero gracias a su ligereza y agilidad resultan suficientes para disfrutar a tope cuando la carretera es una sucesión de curvas.

Otros aspectos técnicos que marcan la personalidad del GT86 son la tracción a las ruedas traseras, el empleo de un diferencial autoblocante mecánico Torsen con el que mejora la motricidad, un peso muy ajustado y una distribución óptima del mismo, con un 53% en el eje delantero y un 47% en el trasero. La suspensión McPherson en la parte frontal y el sistema de doble triángulo detrás, junto con neumáticos justos de anchura (215/45 R17), redondean una puesta a punto excelente para devorar kilómetros por puro placer.

El interior destaca por un puesto de conducción deportivo, donde uno va sentado muy abajo y tiene el volante en un plano completamente vertical. No hay grandes lujos, pero el equipamiento es completo, la terminación buena y los asientos ideales desde el punto de vista del confort y la sujeción lateral. El único acabado disponible incluirá de serie los faros de xenón, las llantas de aleación de 17 pulgadas, el arranque sin llave, el sistema multimedia y el climatizador dual, entre otros elementos.

En el Circuito de Castellolí comprobamos como el GT86 acelera con rabia, frena bien y apoya con aplomo en las curvas. En zonas rápidas el morro se sujeta perfectamente, transmitiendo confianza y, en los virajes más lentos, también entra con precisión en la trayectoria marcada, algo a lo que ayuda una dirección de tacto exquisito. Luego, cuando pisamos sin contemplaciones el acelerador a la salida de la curva, el tren trasero tiende a deslizar progresivamente.

El control de estabilidad tiene tres modos de funcionamiento: normal, sport y con todo desconectado. En el primero de ellos, la electrónica se ocupa de corregir ese deslizamiento de atrás, mientras que en la posición intermedia se retrasa la actuación de los controles de tracción y estabilidad, lo que permite un ligero y gratificante derrapaje. Con las ayudas electrónicas desconectadas por completo se requiere una buena dosis de habilidad para sacar todo el partido al vehículo que, en cualquier caso, es noble en sus reacciones.

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De los dos cajas de cambios existentes nos inclinamos por la manual de seis marchas, precisa y con cortos recorridos de palanca, que además ayuda a retener en las frenadas fuertes. La transmisión automática, a pesar de su suavidad y razonable rapidez, no encaja tanto con el espíritu del coche.

El Toyota GT 86, desarrollado a medias con Subaru, llegará a los concesionarios españoles en julio y costará 29.990 euros en la versión de cambio manual y 33.490 en la automática, que incluye de serie la tapicería de piel y Alcántara, un elemento opcional en el otro y por el que hay que pagar 1.500 euros más.

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