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Miércoles, 3 de junio de 2009 - 17:44h.

REPORTAJE MARCA MOTOR

Museo Porsche, el último gran templo del motor

Visitamos el santuario de la marca de Stuttgart, donde están expuestos 80 de los modelos más emblemáticos de la historia de Porsche.

ALEJANDRO M. ALONSO

Situado en Zuffenhausen, una pequeña localidad cercana a Stuttgart, el nuevo Museo Porsche abrió sus puertas el pasado 31 de enero, casi cinco años después de que se aprobase el proyecto. Es el último de los templos del motor que ha visto la luz en Alemania, luego del museo que Audi tiene en Ingolstadt, el de BMW en Munich o el de de Mercedes-Benz, en la zona urbana de Stuttgart.

No de es de extrañar que, desde la inauguración de este edificio, Porsche aproveche cada presentación en suelo germano para mostrar con orgullo su nueva 'joya'. En la reciente visita a Stuttgart para conocer de primera mano el Panamera, su nuevo Gran Turismo, tuvimos la ocasión de visitar este flamante museo, una experiencia recomendable para el público aficionado al motor y obligatoria para los amantes de esta mítica marca.

Aunque fueron 170 los aspirantes que se postularon para hacerse con el codiciado proyecto, el edificio fue finalmente diseñado por Delugan Meissl, un famoso estudio de arquitectos con sede en Viena (Austria). Lo más llamativo es su construcción futurista y el dinamismo que emana de la gigantesca estructura. Es una construcción impresionante, monolítica, que parece estar suspendida en el aire -como si flotase sobre el suelo- y que se asemeja a una nave espacial. Tiene una superficie de exposición de 5.400 metros cuadrados y está levantada a base de cemento, cristal y acero. A medida que nos vamos acercando a la entrada principal, tenemos que detenernos en varias ocasiones para admirar su diseño desde diferentes ángulos. Aunque es capaz de dejar a cualquiera boquiabierto, hay algo que no termina de convencer y es su integración con el entorno. Imaginen la zona central de un pueblo industrial alemán, repleto de casas de principios del siglo XX con ladrillo visto y en un entorno más bien industrial. No pega mucho, la verdad. Pero el lugar se ha elegido de forma estratégica y tiene su significado, a caballo entre lo funcional y lo espiritual. Lo decimos porque el edificio se levanta en la conocida 'Porscheplatz' de la ciudad y, además, colinda con la 'Planta 1' de Zuffenhausen, factoría a la que se mudó en 1938 la oficina de diseño de Porsche, antes ubicada en Stuttgart.

El edificio es una maravilla arquitectónica, un monolito construido con cemento, cristal y acero

El horario de apertura es de martes a domingo, desde las 9:00 horas hasta las 18:00 horas y la entrada para adultos cuesta ocho euros. El edificio nos vuelve a impresionar cuando nos sumergimos en él, porque todo está pintado de blanco y la luminosidad interior resulta sobresaliente. Es recomendable pedir una audio guía (gratuita) y seguir el itinerario previsto en ella. Así, tenemos la posibilidad de hacer la visita todo lo extensa que queramos, habida cuenta de las ricas explicaciones que se aportan de los coches de esta colección.

Nada más pasar el torno de la entrada, la primera sorpresa es ver cómo, al final del pasillo, una gigantesca pared de cristal permite ver los trabajos de restauración que un equipo de mecánicos lleva a cabo en un taller integrado en el edificio. Allí podemos ver carrocerías suspendidas en el aire, esperando a ser tratadas por expertas manos, modelos históricos que se ponen a punto para participar en rallies de clásicos, reparaciones de coches de coleccionistas particulares...

Para iniciar el recorrido por la exposición tomamos unas escaleras mecánicas que nos llevan hasta la primera planta. Desde allí, un camino en espiral nos teletransporta a través de la historia de la marca, desde el cuerpo del legendario Type 64, hasta la última generación del 'nueveonce'. La visita es complicada de explicar con palabras, porque supone un goteo incesante de obras de arte -con cuatro ruedas- expuestas. Entre otras, se podría destacar el Type 360 de 1947, el 956 de competición que está colgado del techo del museo, varios modelos que corrieron en la mítica Targa Florio, los futuristas Carrera GT y 911 GT1 'Straßenversion'... También es interesante ver rarezas, como el prototipo inicial del Escarabajo, los tractores originales de la marca (que se movían con diésel), algún 911 de policía o el modelo que pudo inspirar al Panamera, es decir, la única unidad que se construyó del 928 con cuatro puertas, un regalo que la marca hizo a su fundador, Ferdinand Porsche, en su 75 cumpleaños y que nunca llegó a la fase de producción en serie.

Al final del recorrido, en la zona donde se exhiben los modelos más modernos de la marca, como el Cayenne, el Carrera más reciente o el Cayman, encontramos un área habilitada para eventos. De salida, de nuevo en la planta baja, pasamos junto al archivo histórico de Porsche, cruzamos un lobby con una pequeña cafetería, una elegante tienda y un restaurante de lujo llamado 'Christophorus'. Nos marchamos del museo con la sensación de que, antes o después, volveremos. Y no es un decir, ya que la exposición se limita a 80 vehículos históricos de la firma germana y tiene carácter itinerante. De esta forma, en la visita uno no se pierde con temas menores y, además, en el futuro será posible visitar este 'templo del motor' en más de una ocasión, sin la obligación de encontrar siempre los mismos coches.

Para más información, entra en http://www.porsche.com/spain/aboutporsche/porschemuseum

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